(Sale Wendla con un ramo de flores que ha ido recolectado a lo largo de su caminata. Se sienta recargada en una piedra que está parcialmente cubierta de musgo. Suspira.)
WENDLA: ¿Cuántas preguntas pueden asaltar a una pequeña hada?
(Pausa. Cierra los ojos y extiende sus brazos como si fueran alas, y los pone detrás de su cabeza para descansar. Abre los ojos)
WENDLA: Me encanta la luz, ¿se han quedado observando detenidamente como se refleja la luz en algún objeto? Yo sí, cientos de veces. Por ejemplo, el tronco de aquel árbol. Ese rayo de sol que lo golpea y refleja su textura… es realmente bello. Hace unos momentos, cuando venía hacia aquí, justamente venía admirando la luz en las flores. Recogí las más hermosas, las que se veían más bellas con la luz.
Es algo que usualmente hago; una pequeña caminata en el bosque para recolectar flores y esencias, y cuando comienzo a agotarme vengo a recostarme en ésta piedra junto al arroyo y me dejo llevar mis pensamientos.
Una vez en la que me quedé dormida, soñé que me crecían alas en mi espalda. Creo que fue porque el musgo de la piedra se encontraba algo húmedo y se sentía de una forma muy curiosa. Imaginé ser un hada. Flotar en el viento y poder admirar el color verde de los árboles más altos.
¿No les parece que el verde es un color realmente... especial? Me da un sentimiento de vida y de frescura. Se encuentra en tantos objetos de la naturaleza. Es un color realmente curioso. También el blanco. Alguna vez escuche a Vater Bogart y a Friedrich Von Kleist, el esposo de mi hermana Lurleen, decir algo sobre que el blanco no era un color, si no la mezcla de todos los colores. Pero no lo sé, cuando combiné las acuarelas para verlo me quedó un color marrón. Le pregunté a Mutter Margo y solo me respondió: “Ay Wendla, tú y tus constantes preguntas”.
Siempre rehúye de mis preguntas, sobre todo mi cuestión de cómo es que nacen los bebés. ¡En verdad quiero saberlo! Pero no sé por qué no quiere decírmelo. No creo que sea algo malo ya que es algo natural, supongo. Pensé en preguntarle a papá o a Lurleen pero con él siento una especie de vergüenza y a Lurleen casi no la veo tanto, además no quiero molestarla cuando debería estar en reposo por el nacimiento de Hans.
(Sonriendo)
A pesar de que extraño mucho a mi hermana y quiero que regrese a casa, me alegra mucho verla tan feliz. Esa mirada que tiene cuando está con sus hijos. Antes no tenía esa luz en sus ojos… de nuevo la luz…
Realmente quiero saberlo. Tal vez pueda preguntarle a Melchior Gabor. Pero… aunque es mi amigo de toda la vida… no lo sé… ya no es cómo antes. Mamá tiene razón, estamos… (parodiando a Frau Bergman) “floreciendo”. Ya no se nos permite jugar con los chicos como cuando éramos pequeños. Extraño esos tiempos en los que salíamos Ilse, Moritz, Melchior y yo. Jugábamos a ser de esos indios americanos que vivían en tipis.
(Suspira.)
Ilse. Cómo la extraño… me quiebro al pensar en todas las cosas que pudo haber pasado o no. Ella era tan soñadora, cómo yo. Y como no iba a querer estar en otra realidad. En fin… ya nada es igual. Podría decir que también extraño a Moritz, siempre tan nervioso y ocupado, y a Melchior… siempre tan unidos. Si pudiéramos seguir siendo tan cercanos sería él a quien le confiaría todos estos pensamientos. Pero ya nada es igual, incluso… lo siento diferente, me siento diferente. No es como cuando jugábamos de niños. Si lo viera en estos momentos me asaltaría ese extraño sentir que las demás también dicen experimentar. Sobre todo Thea. Bueno, más bien pareciera que a ella le encanta porque es la más… ruidosa… además de ocurrente. Contraria a Martha que siempre está asegurándose de que su peinado y sus ropas se vean impecables, es como una muñequita que apenas se mueve para no romperse. Y Anna que siempre nos hace reír con sus ligeras burlas y sarcasmos. Mutter Margo a veces dice que esas formas de bromear entre amigas son algo pesadas, pero a decir verdad ella es algo conservadora.
Recuerdo que la madre de Melchi no era así. Una gran mujer. Siempre nos gritaba desde la ventana de la cocina que las galletas ya estaban listas, y nosotros cuatro corríamos a engullirlas. Eran realmente deliciosas. Pero ahora no me la encuentro, mas que en la iglesia. Sólo a ella, no he viso que Melchi asista. No es que me fije en qué hace y a dónde va… simplemente no lo veo…
Una pequeña hada verde… con alas de todos los colores… alas blancas… o marrones. Dormir sobre el musgo de ésta piedra para que al despertar, lo primero que vean mis ojos sea ese arcoíris de luz que se refleja sobre el agua del arroyo.
Comienza a hacer frío
(levantándose). Será mejor que regrese a casa. Mañana visitaremos de nuevo a Lurleen y Friedrich… Lurleen Von Kleist. Wendla… me pregunto qué apellido tendré cuando me case.
*Construcción de personaje Wendla Bergman, de la obra Spring Awakening.